Desde que empecé a impartir talleres donde se trabaja la presencia y la escucha, a través de la atención plena (mindfulness), la meditación y el sonido, han pasado muchas personas en busca de mas o menos las mismas cosas. Es cierto que cada uno, ha tenido un escenario diferente, unas determinadas circunstancias de vida, pero en esencia, la historia de uno es la historia de todos y cada persona cuando llega a un taller viene en búsqueda de algo que le ayude en su vida. Algunos buscan aprender a gestionar sus emociones, otros llegan en busca de paz interior, otros buscan tomar conciencia de quienes son al mirarse en el espejo, otros vienen con la intención de emprender un camino espiritual.

Aparentemente son personas que buscan cosas diferentes, pero en el fondo, todos de una manera u otra, coinciden en dos cuestiones básicas. Por un lado existe en sus corazones un malestar, desasosiego o vacio que les empuja a buscar una solución a sus dificultades para relacionarse con sus sensaciones/emociones y por ello, con ellos mismos y con los demás. Estan buscando algo, porque los seres humanos somos buscadores innatos.

Por otro lado, aparece una tendencia a la dispersión, una falta de capacidad para estar en presencia, en contacto con las sensaciones. Ellos mismos se sorprenden cuando empiezan a contactar con la presencia. Es frecuente encontrar una dificultad para saber como se sienten, porque la mayor parte del tiempo lo han pasado enredados en su mente, y muy poco en su cuerpo. Y es normal, es la naturaleza de la mente, además que de que no solemos tener la oportunidad de encontrar espacios donde podamos explorar algo mas allá de ella.

Esa situación de no saber que sienten puede ser muy desempoderadora, ya que se entienden nada y hay un «no saber» que genera inseguridad e incertidumbre.

Cuando al principio de un taller o una conulta individual, les pregunto  ¿Como te sientes?, la mayor parte de las personas responden casi automaticamente con un «bien» o un «mal», sin darse cuenta que no estan diciendo nada de sus sensaciones o de como se encuentran, «bien» o «mal» son dos etiquetas valorativas (un juicio), pero no expresan el compartir de como uno se siente. Dicho de otra manera, no estan contactando con las sensaciones que tienen, porque no han desarrollado la capacidad de estar presentes, aunque sea solo durante un tiempo cada día. Esta presencia, al igual que otras tantas cosas, se desarrolla con la práctica.

Sin presencia, hay mente, pensamientos recurrentes que van y vienen y que atrapan a uno en un bucle de juicios, comparaciónes, analisis, elaboración, racionalización, etc, que le aleja de su sentir y que le puede llevar a un sufrimiento profundo. Y al igual que le ocurre a un arbol, echamos raices y nos apegamos a nuestro «yo» construido durante décadas, a nuestra manera de ver el mundo segun unas creencias limitantes, ya que todo pensamiento, toda idea, no es mas que una limitación que impide que la inteligencia o sabiduria innata se manifieste o sea atendida.

Eso puede llevar en muchas ocasiones a generar rigidez psicologica o emocional, a que se esté en constante lucha con lo que esta ocurriendo, a una lucha agotadora, deseando que las cosas sean o sucedan de otra forma. A un sufrimento generado por mi mismo. Ese sufrimiento en esencia viene de una lucha que se alimenta de la no presencia y por lo tanto, del dominio de la mente.

Pero nunca es tarde para empezar a recorrer otro camino. Un camino en el que no importa saber todas las paradas, porque no tiene importancia que nos encontraremos en el futuro. Donde el primer paso es practicar a estar en presencia, sin la intención de que ocurra algo al hacerlo. Presente a la respiración, presente a las sensaciones corporales. De esa manera se abre un espacio nuevo, donde uno puede salir de la carcel que suele ser la mente.

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